Beber
Ojalá hubiera tenido la calma para ver el paisaje que me rodeaba. Las flores, por decir algo, los peligros. Pero en lugar de eso, encontré la bebida. No hay mayor mentiroso que un adicto. Lo sé porque he sido uno de ellos. A la luz de la sobriedad de hoy, beber me ha quitado mucho más de lo que me ha dado. Esa es la verdad. En los primeros años, cuando escribía a máquina, y durante mucho tiempo después, era incapaz de escribir una palabra si no me servía antes un buen par de vasos de whisky Charles House, un Martini, o abría (y con demasiada frecuencia terminaba) una botella de vino. Supongo que me hacía sentir heredero de Bukowski o Henry Miller, y de todos aquellos escritores norteamericanos a quienes tanto admiraba. Nunca me he considerado un alcohólico, pero sí que he creído que mi relación con el alcohol era demasiado íntima, en parte porque estaba ligada (porque yo lo había decidido así) a la creación literaria. Cada vez que leía que un escritor bebía de más, automáticamente me ...