La ciudad de la infancia
Crecí en una ciudad dormitorio. Eso ponía en el libro de Geografía e Historia. A lo largo y ancho de la primaria y la secundaria, se lo oí a varios profesores. Lo explicaban con solvencia, no había mucho que hacer, más allá de contentarse con la explicación. Vivíamos en un gran barracón de literas grises dónde la gente dormía, por no haber suficiente sitio en el lugar dónde debían (y yo supongo que querían) estar. Los profesores podían solventar el asunto de la ciudad y su posición geoestratégica con argumentos lógicos, pero no podían evitar que yo imaginara mi ciudad como una gran ciudad barracón, construida con cubos grises, rectangulares, uniformes, con puertas igual de grandes y grises, literas, mesillas con cajones para la ropa interior y pijamas, flexos de una luz azul lunar y el monstruo unipersonal de la desubicación debajo de cada una de esas literas. Los barracones se distribuían de sur a norte, a izquierda y derecha de la única carretera de la ciudad, que llevaba ...